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El catalán estaba considerado como el piloto con más talento del panorama motociclista nacional. Un desgraciado accidente en una carrera del Campeonato de España en Comarrugas acabó con su vida, casi medio siglo después de su desaparición es un total desconocido para la gran afición, pero sus manos cambiaron la proyección del motociclismo español en el Mundial.
El 30 de mayo de 1965 la historia quedo parada, así comenzaba el especial que la revista Motociclismo dedicaba al piloto. Todo acabó de manera trágica, contra un árbol, en la carrera de 125 c.c., tras remontar hasta la primera posición después de una primera caída sin consecuencias y una remontada marca de la casa. Sólo estaba poniendo a punto la moto, su Bultaco, para ir una semana después al TT de Man, pero a Torras sólo le valía ser el mejor, como lo había sido hasta entonces.
Ramón nació en Barcelona, el 22 de diciembre del 42. Su infancia está marcada por la desaparición de su padre, que fallece cuando Torras jr. apenas tenía tres años. Después de pasar por el seminario, decide abandonarlo movido por la pasión que siente por las motos.
Su primera carrera fue en motocross y tras participar en carreras menores, llega el momento en que se da a conocer. Es 1961 y Torras toma parte en la subida a Santa Cruz de Olorde. Con una 75 c.c. queda segundo en la general, por delante de motos más rápidas y preparadas. Esta actuación le abre las puertas de Bultaco y con ello llegan más victorias y los títulos de Campeón de España y sus apariciones mundialistas, que le propiciaron fama tanto dentro, como fuera del mundo de la moto.
Siempre se dijo que Ramón Torras se caía demasiado, que arriesgaba mucho en una época en que los fallos salían muy caros. Tanto que incluso llegó a estar en coma después de un grave accidente en el circuito francés de Pau. Pero la realidad es que si bien se caía en demasía, teniendo en cuenta el abultado número de carreras que se corría en aquella época, el porcentaje era bajo.
Después del percance de Pau, continuó luchando con su Bultaco frente a otras máquinas de mayor nivel, firmando adelantamientos imposibles en curvas para de nuevo perder el puesto en las rectas, donde la máquina española no hacía frente a las mecánicas mundialistas.
Gracias a su pericia y a su trabajo, Bultaco evolucionó en sus prestaciones y realizaron mejoras en la parte ciclo, aunque nunca llegaron a conseguir que el motor rindiera lo necesario, motivo por el cual Torras debía sacar todo su potencial para poder luchar cara a cara contras las Honda, Yamaha, MZ, Suzuki, etc. midiéndose contra pilotos de la talla de Reedman, Taveri, Villa..
En sólo cuatro años llegó a ser referente del motociclismo nacional y las marcas extranjeras intentaban hacerse con sus servicios de cara a 1966. Los puristas de la moto no aceptaban el estilo de pilotaje, pero lo cierto es que era el más rápido y 1965, con veintitrés años, estaba suponiendo su eclosión como figura a nivel internacional. Cuando todo acabó Torras marchaba segundo en el Mundial de 250 c.c.
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